La historia con Samo se había sumado a la lista de cosas que no salieron como esperaba, y a pesar de que con el tiempo volvimos a ser amigos y a retomar parte de aquella complicidad que tuvimos en el pasado, esa espinita estaba ahí, y no podía evitar seguir teniéndole presente en mis más deprimentes escritos y ensoñaciones románticas.
Con el paso de los años acabaría 'disfrutando' (#ironíamodeOn) de esa sensación de querer (o creer que quería) más de lo que me daban en varias ocasiones. Pero esa es otra historia, ya llegaremos a ella. No sería hasta cuatro años después de aquella fatídica noche que Tilo volvió a mi vida.


