Todo empezó de la manera más inocente. Si me hubieran dicho ese día que aquello desencadenaría todo, que cambiaría mi vida y sentaría bases ante mis relaciones con el sexo opuesto para siempre, lo más probable es que me hubiera mostrado escéptica.
Yo tenía 14 años, había estado de fiesta con unos amigos y subía en el bus nocturno escuchando música, cansada y con ganas de llegar a casa. Fue entonces cuando, entre la multitud del autobús, vi a un amigo que vivía en mi mismo bloque y me acerqué a saludarle y así aprovechar e ir acompañada hasta casa.
Yo tenía 14 años, había estado de fiesta con unos amigos y subía en el bus nocturno escuchando música, cansada y con ganas de llegar a casa. Fue entonces cuando, entre la multitud del autobús, vi a un amigo que vivía en mi mismo bloque y me acerqué a saludarle y así aprovechar e ir acompañada hasta casa.



