Me desperté acalorada, sobresaltada. Un sueño había entrado en mi mente, una necesidad que debía ser cubierta cuanto antes. Cogí el móvil y llamé a Alex, un buen amigo. Un atractivo hombre de bonitos ojos verdes, brazos fuertes, y un cuerpo lleno de pasión. Al otro lado del teléfono se oyó una voz entrecortada y adormilada. Era evidente que acababa de despertarle.
- ¿Si?- dijo una voz dulce.
- Hola, soy Gwen, siento molestarte, pero tenía que llamarte.
- ¿Pasa algo o solo quieres que nos veamos? -intuyó con un tono pícaro.
- ¿Te viene bien en media hora en mi casa?
- Tardo 15 minutos…



