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20 de enero de 2015

En mitad de la noche... Alex

gesto erótico con las manos

Me desperté acalorada, sobresaltada. Un sueño había entrado en mi mente, una necesidad que debía ser cubierta cuanto antes. Cogí el móvil y llamé a Alex, un buen amigo. Un atractivo hombre de bonitos ojos verdes, brazos fuertes, y un cuerpo lleno de pasión. Al otro lado del teléfono se oyó una voz entrecortada y adormilada. Era evidente que acababa de despertarle.

- ¿Si?- dijo una voz dulce. 

- Hola, soy Gwen, siento molestarte, pero tenía que llamarte. 

- ¿Pasa algo o solo quieres que nos veamos? -intuyó con un tono pícaro. 

- ¿Te viene bien en media hora en mi casa? 

- Tardo 15 minutos…

14 de enero de 2015

Sin ti no valgo nada... ¡Venga ya!

dados tu y yo

No sé cuantas veces habré oído esa expresión, o alguna con idéntico significado. Ya sea en el cine, la literatura, la música, o la vida real, ahí está el concepto 'sin ti no valgo nada'.

Que tu valor como persona dependa de otra persona que no seas tú me parece triste. Llegar al punto en el que delegues tu autoestima, tu valor, tu esencia, a lo que otro pueda aportarte o pensar de ti no es amor, es dependencia y estupidez.

1 de enero de 2015

Empezando el año...


Feliz año nuevo y eso.... Ejem. ¿Alguna confesión...?



23 de diciembre de 2014

Imagina...

mujer con cara de orgasmo

(Un día, a base de DM's en Twitter...)

Imagina....

Me acerco por detrás, beso tu cuello, paso mis manos por tus hombros y me aprieto contra ti. Con el cálido roce de mi piel, te percatas de que no hay nada que la cubra. 

Mis tetas acarician tu espalda, desnudas y expuestas, endureciendo los pezones por la excitación que siente mi mente. Acaricio tu pecho con los dedos, y giro hasta ponerme frente a ti.


18 de diciembre de 2014

Colaboración - Una firme vocación (I)

desnudo artístico

La verga grande y dura penetraba a Natalia como una ametralladora y ella hacía rato que orgasmaba de manera repetida. Las descargas eran a veces violentas y a veces más suaves pero siempre le llenaban de miel el bajo vientre y luego se expandían por todo el cuerpo hasta llegar a los pulmones y al diafragma, causándole una sensación parecida al ahogo o a la pérdida del aliento. Ahora esto ya no la inquietaba, como al principio de descubrir su gran lascivia, y disfrutaba de los pequeños cortes de respiración como una sensación más de las que la embargaban al copular frenéticamente.